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Primera borrachera a los 11 años

Queridos padres y madres, sé que os preocupa este mundo tan complejo en el que crecen rápido nuestros hijos e hijas. Queremos protegerles, pero a veces aparecen nuevos peligros que nos cuesta manejar.

Uno de ellos es el consumo cada vez más precoz de alcohol entre los menores. Los últimos estudios del Ministerio de Sanidad encienden las alarmas: la primera borrachera se sitúa de media en los 11 años. Incluso el botellón y el “binge drinking” están seduciendo ya a los más pequeños.

Entiendo la angustia que genera conocer esta cruda realidad. Duele asumir que el alcohol sea una tentación entre nuestros niños y niñas antes de cumplir los 13 años.

A esa edad tan vulnerable no pueden ni imaginar la enormidad de los daños cerebrales, de salud y sociales que esta sustancia conlleva. Y aquí está la clave: no es solo que beban antes, es que lo hacen sin medir las consecuencias.

De eso precisamente trata el estudio piloto ESTUDES 2023 sobre consumo de alcohol y tabaco en estudiantes de 12 y 13 años de 1o y 2o de la ESO, realizado por el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA) del Ministerio de Sanidad.

 

1. El alcohol cada vez seduce antes

Los datos confirman que el alcohol está infiltrándose en la vida de nuestros hijos e hijas durante la etapa infantil, mucho antes de lo razonable.

Veamos un ejemplo. Más de 1 de cada 3 estudiantes de entre solo 12 y 13 años ya ha probado bebidas con alcohol alguna vez. Hablamos de niños y niñas que aún cursan Primaria, con toda la inocencia e inmadurez propia de esas edades.

Y no se trata de algo puntual. Aproximadamente 8 de cada 10 reinciden al año siguiente. Así pues, el contacto con la bebida se perpetúa y normaliza con gran facilidad ya en la preadolescencia.

Si miramos la edad media de inicio, está en los 11 años tanto en niños como en niñas. Un porcentaje muy amplio sufre su debut etílico antes siquiera de terminar el colegio e ingresar en Secundaria.

2. Actividades de alto riesgo cada vez más temprano

Más allá de las cifras de consumo, lo que más nos alarma como padres es ver cómo actividades peligrosas, como el botellón o beber sin control, ya están seduciendo a nuestros hijos e hijas. Incluso antes de la adolescencia.

Por ejemplo, la encuesta revela que el 8,3% de los preadolescentes de 12 y 13 años admiten haber hecho botellón en el último año. Es decir, uno de cada diez ya ha bebido en grupo en espacios públicos, eludiendo la supervisión de los adultos.

Asimismo, la edad media de la primera borrachera se sitúa en los 11 años tanto en niñas como en niños. Miles de menores sufren así su bautismo en los efectos más dañinos del alcohol cuando aún conservan rasgos infantiles.

Estas revelaciones no deberían dejarnos indiferentes. Tenemos la obligación de tomar medidas firmes para retrasar la edad de inicio y frenar la extensión de patrones de consumo tan temerarios y que tan graves consecuencias acarrean sobre sus organismos y mentes aún en formación.

3. Su percepción del peligro dista mucho de la realidad

Otro indicador preocupante. Casi 4 de cada 10 estudiantes de 12 a 13 años creen saber mucho de alcohol y drogas. Creen estar bien informados sobre sus consecuencias.

Sin embargo, los expertos advierten: a esa edad tan corta es imposible. No pueden ser conscientes del enorme problema. No pueden medir bien los estragos del alcohol. Hablo de daños físicos, cerebrales y sociales. Por muchos datos teóricos que conozcan, su edad no les permite entender la cruda realidad.

Su mera confianza se basa en una percepción más intuitiva e inocente sobre lo que supone beber, fruto lógico de su temprana edad. Pero nada tiene que ver con la cruda realidad.

Como adultos responsables, nos queda mucho trecho por andar para concienciarles sobre los peligros que se esconden tras el brillo de las copas y la incipiente cultura del alcohol que les rodea.

4. Medidas urgentes ante esta situación

Los datos confirman que el alcohol ya circula entre nuestros hijos e hijas a edades excesivamente tempranas. Incluso los patrones de consumo más extremos como el botellón o las borracheras prematuras están ganando enteros.

Ante esta cruda realidad, no vale solo con lamentarse. Las autoridades sanitarias y educativas deben tomar medidas firmes de manera urgente. Hay vidas y futuros en juego.

Por un lado, parece claro que la respuesta no puede ser solo prohibicionista, pues sabemos que a la larga será ineficaz. Se requieren políticas basadas en la prevención, la concienciación y la reducción de riesgos.

Por otro lado, el núcleo familiar tiene una capacidad única para protegerles. Debemos esforzarnos por educar a hijas e hijos sobre los peligros reales que esconde una relación inadecuada con el alcohol. También aquí la labor pedagógica preventiva es perpetua.

5. La unión hace la fuerza: gran pacto social contra el consumo precoz

Aunque los datos sean demoledores, aún hay esperanza. Podemos torcer radicalmente esta peligrosa tendencia si actuamos unidos bajo un gran pacto social contra el consumo infantil/precoz de alcohol.

En primer lugar, parece claro que las respuestas legislativas y judiciales serán insuficientes si no van acompañadas de programas educativos y sanitarios de amplio calado, desplegados de manera intensiva en centros escolares, asociaciones juveniles y pediátricas.

También las asociaciones de padres y madres pueden ejercer una enorme influencia con campañas, talleres y escuelas de familias destinadas específicamente a abordar esta problemática que nos asuela.

Finalmente, las instituciones escolares poseen un altavoz único sobre las jóvenes mentes que están bajo su cuidado durante buena parte del día. Tienen tanto el derecho como la responsabilidad de informar verazmente sobre las consecuencias del alcohol entre los más jóvenes.

Solo desde una acción coordinada entre todos los agentes sociales podremos devolver la inocencia a nuestros hijos e hijas, y alejar el fantasma del alcohol que planea sobre sus cabezas.

Isabel Montalvo
Isabel Montalvo
Isabel lleva más de 10 años trabajando como periodista especializada en psicología infantil. Ha entrevistado a decenas de psicólogos y pediatras, además de investigar a fondo sobre temas de conducta, aprendizaje y desarrollo en los niños. Así que tiene un profundo conocimiento de esta área. Ahora en sus artículos escribe para ayudar a los padres a entender mejor las razones detrás de las rabietas, malos hábitos, miedos nocturnos y tantas otras cosas que vuelven locas a las familias. Isabel explica todo esto de forma muy cercana y con mucho cariño: los cambios en el humor infantil, la importancia de las rutinas, cómo mejorar la autoestima y comunicación en casa, manejo de berrinches... Con sus consejos, cualquier progenitor se sentirá mucho más tranquilo y preparado para apoyar a sus hijos en cada etapa.
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