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Cuentos clásicos: Pulgarcita

Había una vez una pareja tan pobre que ya no podían alimentar a sus siete hijas. Entonces, una noche, el papá les dijo que al día siguiente irían todos al bosque a buscar leña y así poder venderla para comprar pan.

A la mañana siguiente, las siete niñas se levantaron temprano y empezaron a caminar hacia el bosque junto a su padre. La más pequeña, que era tan chiquita como un pulgar, iba montada sobre el sombrero de su papá para no tener que caminar tanto. Al llegar al bosque, el papá les indicó a sus hijas que fueran a juntar ramas y palitos secos mientras él cortaba unos árboles.

Las niñas obedecieron y se dispersaron buscando leña. Pero Pulgarcita, que era muy curiosa, siguió un arroyo hasta llegar a la casa de una rana. Como tenía mucha sed, se acercó al arroyo a beber agua, sin imaginar que la rana era en realidad un hada buena que vivía disfrazada en el bosque.

La rana, al ver a la niña tan pequeñita y sola, decidió ayudarla. Usando sus poderes mágicos, abrió la puerta de su casa y le dijo a Pulgarcita: “Pasa y come lo que quieras, estás en tu casa”. Dentro había una mesa con mucha comida rica, más de la que la pobre Pulgarcita hubiera visto en su vida.

Así que comió hasta saciarse por primera vez y, antes de irse, la rana le regaló un vestido nuevo, unas monedas de oro y le dijo que si alguna vez necesitaba ayuda, solo debía volver a la casa del arroyo y pedirle lo que quisiera.

Pulgarcita le dio las gracias y regresó con su familia al anochecer. Sus hermanas mayores se pusieron muy celosas al verla con su vestido nuevo y las monedas de oro.

Al día siguiente, cuando el padre se fue a cortar leña de nuevo, las hermanas llevaron a Pulgarcita más adentro del bosque y la abandonaron para que no pudiera encontrar el camino a casa. La pobre niña caminó asustada entre los árboles durante horas tratando de encontrar a su familia.

Al llegar la noche, exhausta y hambrienta, decidió pedir ayuda a la rana del arroyo. Milagrosamente llegó hasta la casa y la rana-hada, al verla tan triste, la reconfortó y le sirvió una cena caliente. Pulgarcita le contó lo sucedido. Entonces, el hada, furiosa con las hermanas envidiosas, le regaló nueces de oro y diamantes a Pulgarcita para que fuera más rica que sus hermanas.

Luego la transformó en una bella princesa, le dio un carruaje con caballos blancos y le dijo que volviera con su familia para que vieran lo que sus hermanas le habían hecho.

Al llegar a su casa transformada en princesa con el carruaje, su familia no la reconoció. Pulgarcita les contó la verdad sobre sus hermanas y les regaló las nueces de oro y diamantes a sus padres para que nunca les faltara nada. Desde ese día, vivieron felices y nunca pasaron hambre. Sus envidiosas hermanas aprendieron la lección y se volvieron amables y generosas, siempre tratando bien a su hermanita Pulgarcita.

Alejandra Palacios
Alejandra Palacios
Alejandra es una joven profesora de primaria. Aunque lleva poco tiempo dando clase, su vocación y energía hacen que conecte muy bien con sus alumnos. Ahora también escribe artículos donde comparte consejos para padres sobre cómo sobrellevar la etapa escolar. Alejandra entiende perfectamente el caos mañanero de preparar desayunos y mochilas, ayudar con deberes y lidiar con berrinches infantiles. Escribe con un tono fresco y cercano sobre organización del día a día, alimentación sana para esa edad, rutinas para las mañanas, cómo motivarlos con los estudios y un largo etcétera.
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